
¿Soprensar o sentir? una reflexión REVELADORA. para TRANSFORMAR tu fluidez natural.

Por: Alejandro Melidoni
- ¿Soprensar o sentir? una reflexión REVELADORA. para TRANSFORMAR tu fluidez natural.
- ¿Cómo dejar de sobrepensar las cosas y recuperar tu fluidez natural?
- 1. Sobrepensar es ansiedad: cuando la cabeza no para de pensar
- 2. ¿Qué hacer cuando la cabeza no para de pensar?
- 3. ¿Qué es sobrepensar en una persona y por qué sucede?
- 4. ¿Por qué sobrepensar sucede con tanta frecuencia?
- 5. Diferencia entre sobrepensar y pensar: del "Pensar Hacer" al "Sentir Hacer"
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- 5. sentir hacer:
- 6. Cómo calmar la mente y dejar de sobrepensar en las relaciones
- 7. Lo que aprendí del otro lado del sobrepensar
- mas contenido para vos

¿Cómo dejar de sobrepensar las cosas y recuperar tu fluidez natural?
Hay una forma de vivir que muchos conocemos bien: la de la cabeza que no para. La del que planifica cada movimiento, que busca la fórmula correcta, que sobrepiensa cada decisión antes de dar un solo paso. Esa fue mi forma de estar en el mundo durante décadas. Y también fue, sin que yo lo viera venir, la forma que más me alejó de mí mismo.
Este texto nació de un quiebre. No de uno elegido, sino de esos que llegan cuando el cuerpo y la vida ya no pueden sostener más el peso de tanto sobrepensar. Si alguna vez sentiste que tu cabeza trabaja en tu contra, que rumiar los problemas se convirtió en tu deporte favorito, o que intelectualizar emociones es lo único que sabés hacer cuando algo duele —seguí leyendo. Esto es para vos.
1. Sobrepensar es ansiedad: cuando la cabeza no para de pensar
Durante años viví en un estado que hoy reconozco como sobrepensar crónico. En ese momento, claro, lo llamaba “ser inteligente”, “ser previsor”, “tener iniciativa”. Sobrepensar era mi identidad disfrazada de virtud.

Trabajé como cantante. Me la pasé estudiando técnicas, perfeccionando mi instrumento, buscando la fórmula perfecta para llegar adonde quería llegar.
Si algo no funcionaba, yo pensaba más, planificaba más, esforzaba más. La lógica era simple: si no llegué todavía, es porque me falta pensar mejor cómo hacerlo.

Pero sobrepensar no es pensar mejor. Sobrepensar es ansiedad vestida de racionalidad. Es la mente que, incapaz de tolerar la incertidumbre, genera pensamiento tras pensamiento para crear la ilusión de control.

Cuando la cabeza no para de pensar, no es porque estés resolviendo nada: es porque estás escapando de algo que no querés sentir.

2. ¿Qué hacer cuando la cabeza no para de pensar?
Esa pregunta me la hice durante mucho tiempo. Y la respuesta que encontré no fue un truco mental ni una técnica de productividad. Fue entender que sobrepensar es un síntoma, no un problema en sí mismo. El problema real era que yo no confiaba en lo que sentía. Solo confiaba en lo que podía justificar con argumentos.
Fue entonces cuando investigadores de neurociencia y botánica decidieron experimentar: obligaron a empleados de empresas con altos índices de burnout a caminar apenas 15 minutos diarios por áreas forestadas. No había meditación guiada, no había terapia psicológica tradicional. Solo árboles, silencio y tiempo.
La ansiedad que genera sobrepensar tiene una firma muy particular: te mantiene ocupado mentalmente pero paralizado en la realidad. Planificás mil escenarios y no actuás en ninguno. O actuás desde el miedo disfrazado de decisión. Enroscarse en las situaciones, darle mil vueltas a lo mismo, no es profundidad: es ruido. Y el ruido, tarde o temprano, agota.
“Sobrepensar no me llevaba a ningún lado. Me mantenía en movimiento sin avanzar, como una rueda que gira en el barro.”
3. ¿Qué es sobrepensar en una persona y por qué sucede?
Sobrepensar es el intento de la mente de resolver con pensamiento aquello que solo se puede resolver con experiencia. Es creer que si analizás suficiente, si le das suficientes vueltas, vas a encontrar la respuesta correcta antes de dar el paso. Es, en el fondo, una forma de evitar la vulnerabilidad que implica actuar sin garantías.
En mi caso, sobrepensar tenía un motor muy claro que tardé años en ver: el ego herido.Toda mi energía fue orientada a demostrar que podía, a construir una narrativa de éxito que justificara mis elecciones. si pienso bien cómo hacerlo, nadie me puede decir que fallé por no haberlo intentado.
y lo mas importante:los pensamientos se convierten en palabras y las palabras en realidades. Lo que repetís en tu cabeza con suficiente frecuencia se convierte en un filtro a través del cual ves la realidad. no son simples pensamientos: son estructuras que moldean lo que es posible para vos.
4. ¿Por qué sobrepensar sucede con tanta frecuencia?
Porque vivimos en una cultura que premia el análisis y desconfía de la intuición. Desde chicos nos enseñan que pensar más es sinónimo de ser más responsables, más inteligentes, más adultos. Nadie nos enseña a confiar en lo que sentimos, a habitar la incertidumbre sin necesitar resolverla. El resultado es una generación de personas que intelectualizan emociones en lugar de transitarlas,
Intelectualizar emociones es uno de los mecanismos más sofisticados y más tramposos del sobrepensar. Cuando algo duele, en lugar de sentirlo, lo analizamos. Lo convertimos en un concepto, en un problema a resolver, en una teoría sobre por qué nos pasa lo que nos pasa. Y así el dolor nunca se procesa: solo se administra.
“Sobrepensar desde el miedo no te protege del fracaso. Solo te asegura que lo vivirás por anticipado, una y otra vez, antes de que ocurra.”
5. Diferencia entre sobrepensar y pensar: del “Pensar Hacer” al “Sentir Hacer”
Aquí está el corazón de lo que quiero compartirte, y también el punto donde más me cuesta no caer en la trampa de sobreexplicar. Porque hay una diferencia profunda entre pensar —que es una capacidad humana extraordinaria— y sobrepensar, que es esa misma capacidad usada como mecanismo de defensa
Pensar es necesario. Evaluar, planificar, reflexionar aprender un método, una técnica o una habilidad: todo eso tiene su lugar. El problema no es pensar. El problema es cuando sobrepensar reemplaza al sentir. Cuando la cabeza toma el control absoluto y el cuerpo, las emociones y la intuición quedan fuera del proceso de decisión.
Yo fui durante años lo que me gusta llamar una “Topadora”. Una persona que avanza por la pura fuerza del pensamiento y la voluntad, que aplana todo lo que se le pone delante para llegar a donde cree que tiene que llegar. La Topadora no escucha señales. No cree en su propio sentir. Solo piensa y empuja. Y yo creía que eso era fortaleza.
“Fui una Topadora durante décadas. Empujaba, planificaba, resistía. Y cuanto más sobrepensar metía en la ecuación, más lejos quedaba de lo que realmente quería.”
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5. sentir hacer:

Cuántos golpes, cuántas desilusiones en ese camino. Aunque también muchos momentos de placer y goce que no lograba hacer durar. Escuchaba siempre a los actores, a los cantantes y a las personas del arte en general que eran reconocidos —muchos de ellos mis referentes— decir que nunca habían imaginado que iban a llegar adonde llegaron. Es más, ni siquiera se lo habían planteado como una meta constante. Simplemente cantar o hacer lo que hacían les resultaba natural. Casi no lo pensaban: simplemente lo sentían hacer, y eso que todos como yo habían adquirido herramientas técnicas de cada una de sus disciplinas.
¿Qué era eso? ¿Cómo podía yo pensar y entender el “sentir hacer” para ser como ellos, para conseguir lo que ellos conseguían? Me sentía un Salieri del canto. Jajajajajaja. Pasé por distintos maestros y yo seguía igual, con los mismos inconvenientes técnicos de siempre. Mi voz sonaba, pero yo no la disfrutaba. Era un esfuerzo permanente, era sobrepensar todo el tiempo cómo cantar, cómo colocar la voz para que sonara como yo quería. Y mientras tanto, denostando a otros cantantes modernos o del pop solo porque parecía que su voz volaba, salía sola. Yo no lo podía entender: “Eso no es así, si hay una técnica, hay que pensar qué hacer, “HAY QUE CANTAR“.
imagínate como esa forma de “sobrepensar” se transladaba a todos los demas órdenes de mi vida!. todo “SOBREPENSADO” para protegerme quien sabe de qué pero estar “seguro” de que cada paso estaba “controlado” y no iba a haber “SORPRESAS” (me leo cuando escribo esto y no puedo evitar reirme….. que ILUSO!!!!)
Ahí estaba la trampa perfecta del sobrepensar: yo creía que quienes cantaban con naturalidad simplemente no sabían lo que hacían. Que su fluidez era ignorancia, no maestría. Y mientras tanto, yo —el que estudiaba, el que sobre pensaba, el que sabía— me esforzaba cada vez más para sonar cada vez menos libre y no lograba usar el arte como una herramienta de conexión natural
“Me sentía como el Salieri del canto que no sufre por falta de talento. Sufre por exceso de sobrepensar. Por querer controlar con la cabeza lo que solo el cuerpo y el alma pueden resolver.”
El quiebre llegó de una forma que no imaginé. No fue un insight intelectual. No fue un libro ni un seminario. Fue un momento en soledad, en casa, cuando algo me llevó a cantar sin propósito. Sin ensayar, sin demostrarle nada a nadie, sin sobrepensar si lo estaba haciendo bien. Y la voz tomó su propia forma. Voló. Yo era simplemente un observador de lo que estaba pasando.
En ese instante entendí la diferencia. El “Sobrepensar Hacer” es yo decidiendo cómo tiene que sonar mi voz y forzándola hacia esa forma. El “Sentir Hacer” es yo dandome cuenta gracias al simple pensamiento y una mente despejada como crear las condiciones para que la voz encuentre su propia expresión natural. No es abandono ni falta de técnica. Es confiar en que hay una inteligencia más amplia que la de mi cabeza, y que sobrepensar la interrumpe constantemente.
Esto se traslada a todas las áreas de la vida. Cuántas relaciones sobrepiensas antes de vivirlas. Cuántas decisiones sobrepiensas hasta que la oportunidad se va. Cuántas veces rumiar los problemas te impidió simplemente atravesarlos. La diferencia entre sobrepensar y pensar no es de cantidad: es de calidad de presencia. Pensar desde el presente, con información real, es claridad. Sobrepensar desde el pasado o el futuro imaginario es ruido.
Cómo no sobrepensar las cosas no es una pregunta que se responde con más pensamiento. Se responde con práctica de presencia, con aprendizaje del propio cuerpo, con la disposición a confiar en señales que no siempre se pueden justificar racionalmente.
6. Cómo calmar la mente y dejar de sobrepensar en las relaciones
Las relaciones son el territorio donde sobrepensar más daño hace. Porque en las relaciones, sobrepensar generalmente se parece a esto: interpretar en silencio en lugar de preguntar, acumular suposiciones en lugar de verificarlas, o construir narrativas enteras sobre lo que el otro piensa, siente o intenciona —sin nunca contrastarlo con la realidad.
Yo era experto en eso. Si algo me molestaba o enojaba, la culpa era del otro. Si algo me dolía, yo era demasiado bueno para este mundo y los demás eran una manga de egoístas. Todo ese enroscarse en las situaciones, esa construcción de argumentos internos perfectamente elaborados, era sobrepensar disfrazado de análisis relacional. Y me dejaba completamente solo.
En las relaciones, sobrepensar tiene una consecuencia directa: te desconecta del otro. Porque mientras estás en tu cabeza construyendo hipótesis, la persona real que tenés enfrente deja de existir. La reemplazás por un personaje de tu imaginación, y con ese personaje es con quien peleás, a quien culpás, a quien le reclamás.
¿Cómo calmar la mente y dejar de sobrepensar en las relaciones? Hay un camino que encontré genuinamente útil, y que no tiene nada de místico: la meditación para tomar decisiones importantes. No la meditación como práctica espiritual abstracta, sino como entrenamiento concreto de la atención. Aprender a observar los pensamientos automáticos negativos sin identificarte con ellos. A notar cuándo estás sobrepiensando y regresar al presente, donde la información real está disponible.
“Sobrepensar en las relaciones es confundir la película que proyectás en tu cabeza con la persona real que tenés enfrente.”
Para dejar de sobrepensar en mis relaciones hay un camino que encontré genuinamente útil, y que no tiene nada de místico: la meditación para tomar decisiones importantes. No la meditación como práctica espiritual abstracta, sino como entrenamiento concreto de la atención y la auto observación. Aprender a observar los pensamientos automáticos negativos sin identificarte con ellos. A notar cuándo estás sobrepiensando y regresar al presente, donde la información real está disponible..
Meditarse para tomar decisiones importantes funciona porque no te da la respuesta correcta: te devuelve el acceso a lo que ya sabés pero no podés escuchar por el ruido del sobrepensar. Cuando la mente se calma, no es que aparece la solución mágica. Es que podés distinguir lo que sentís de lo que crees que deberías sentir. Y esa distinción lo cambia todo.
Hay también algo más simple, más inmediato: sobrepensar se interrumpe con cuerpo. Con movimiento, con respiración consciente, con salir a caminar sin destino fijo. Porque sobrepensar vive en la cabeza, y el cuerpo es su antídoto natural. Cuando el cuerpo se activa, la mente obligatoriamente baja un poco el volumen.
En mis relaciones, el cambio más grande no vino de entender mejor a los demás. Vino de dejar de sobrepensar mis propias reacciones. De observarme,entenderme y de empezar a preguntarme qué siento y para que antes de construir el argumento de por qué lo siento. Esa secuencia invertida —sentir primero, luego pensar— fue la que empezó a sanar lo que años de sobrepensar habían dañado, aunque debo confesar que es una práctica y un entrnamiento.
7. Lo que aprendí del otro lado del sobrepensar
No tengo una fórmula para darte. Si algo aprendí es que sobrepensar prospera en el terreno de las fórmulas. Cada vez que busqué el método correcto, el sistema perfecto, la técnica definitiva para ser quien quería ser, caí de nuevo en la trampa: más sobrepensar para resolver el sobrepensar.
Lo que sí tengo es una experiencia: la de que hay un tipo de inteligencia que no pasa por la cabeza. Una que sabe sin poder explicar cómo sabe. Que actúa sin necesitar justificarse. Que canta sin necesitar pensar cómo colocar la voz. Esa inteligencia no se construye con más análisis. Se descubre cuando dejás de interrumpirla con sobrepensar.
Los pensamientos se convierten en palabras y las palabras en realidades. Y lo opuesto también es cierto: cuando dejás de sobrepensar, cuando le hacés espacio a lo que sentís, empiezan a aparecer posibilidades que ningún análisis te hubiera mostrado. No porque el universo conspire mágicamente a tu favor, sino porque ahora podés ver lo que antes el ruido te impedía ver.
Sentir hacer no es ser un irresponsable que “fluye” sin dirección. Es tener suficiente claridad sobre lo que querés —no lo que creés que tenés que querer— para poder confiar en tu propio proceso sin necesitar controlarlo todo. Es sobrepensar menos para vivir más.
Y a veces, como ese día que canté solo en casa sin ningún propósito más que el de cantar, algo vuela. Y vos estás ahí para verlo.
Alejandro Melidoni es cantante, performer y explorador del autoconocimiento.
Escribe sobre los procesos internos que transforman no solo el arte, sino la manera de habitar la propia vida.
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